Todo proyecto necesita un lugar donde vivir.
En mi caso, ese lugar terminó siendo mi propio VPS: un servidor que utilizo para desplegar tanto proyectos profesionales como personales, probar herramientas open source, experimentar con arquitecturas y mantener servicios que forman parte de mi día a día técnico.
La idea nació de una necesidad bastante concreta: tener un entorno propio donde pudiera desplegar mis aplicaciones sin depender completamente de plataformas externas. Hoy existen muchas formas de publicar proyectos: servicios cloud, plataformas SaaS, soluciones como Railway, Heroku o proveedores similares que facilitan bastante el proceso. Sin embargo, cuando empecé a evaluar el balance entre costo, flexibilidad y control, tener mi propio VPS tenía mucho sentido.
No era únicamente una decisión económica. También era una oportunidad para aplicar mi experiencia en DevOps en un entorno real, administrado por mí, con libertad para decidir cómo organizar los servicios, cómo desplegar aplicaciones, cómo automatizar procesos y cómo mantener la infraestructura bajo control.
Un servidor, muchos escenarios
Mi VPS funciona como una especie de centro de operaciones personal. Desde ahí levanto proyectos propios, herramientas internas, servicios de apoyo y aplicaciones que uso para experimentar o resolver necesidades concretas.
La administración principal la hago por línea de comandos, que sigue siendo mi forma preferida de trabajar cuando necesito control, rapidez y claridad sobre lo que está ocurriendo en el servidor. Aun así, el VPS también cuenta con Plesk instalado, lo que me permite gestionar ciertos aspectos desde una interfaz visual cuando resulta más cómodo o práctico.
Para alojar mis aplicaciones utilizo principalmente Docker. Esto me permite mantener los servicios aislados, reproducibles y más fáciles de mover, actualizar o reiniciar sin convertir el servidor en una mezcla difícil de mantener. Cada proyecto puede tener sus propias dependencias, configuración y ciclo de vida, sin afectar directamente al resto del entorno.

Herramientas que forman parte del día a día
Dentro del VPS no solo viven mis proyectos. También tengo desplegadas varias herramientas opensource que uso como apoyo diario o como parte de mi flujo de trabajo técnico.
Algunas de ellas son:
- Portainer - para gestionar contenedores Docker de una forma más visual cuando necesito revisar rápidamente el estado de los servicios.
- Wallos - para llevar control de suscripciones, gastos recurrentes y servicios activos.
- BookStack - como espacio de documentación y conocimiento organizado.
- Supabase - para algunos proyectos que requieren backend, base de datos o funcionalidades listas para integrar.
- Ghost - que es precisamente el motor detrás de este blog.
- Tailscale - para conectarme de forma segura a mis servidores y dispositivos sin exponer más de lo necesario.






Este conjunto de herramientas convierte al VPS en algo más que un simple servidor. Es un entorno vivo, donde puedo desplegar, probar, romper, corregir y aprender.
Más que hosting: una forma de aprender operando
Tener un VPS propio implica asumir responsabilidades: actualizaciones, seguridad, backups, monitoreo, configuración de dominios, certificados, redes, contenedores y resolución de problemas cuando algo falla.
Pero justamente ahí está una de sus mayores ventajas.
Cada despliegue, cada error de configuración, cada servicio que deja de responder y cada mejora aplicada termina convirtiéndose en aprendizaje práctico. No es lo mismo leer sobre infraestructura que tener que mantenerla funcionando. Y aunque también he gestionado otros VPS con fines de experimentación, este servidor se ha convertido en mi entorno principal: el lugar donde conecto mi experiencia como desarrollador, mi perfil DevOps y mi curiosidad técnica.
Links de las herramientas








Discussion